Los golfistas españoles disponemos en nuestro país de campos, Valle del Este y Desert spring, que se asemejan a los clásicos recorridos californianos ubicados en mitad del desierto y conocemos, por las imágenes televisivas de los torneos del Tour, los recientemente construidos en los Emiratos Árabes: Abu Dhabi, Qatar o Dubai. Pero la puesta en marcha de vuelos semanales de la compañía Tunisair a puntos tan singulares como Tozeur nos acercan en menos de dos horas al campo de Oasis Golf para encontramos con uno de estos singulares recorridos. Decimos nos acercan por que el avión te lleva prácticamente al tee de hoyo 1, ya que en el entorno de la pequeña ciudad tunecina todo se encuentra a la distancia de un corto paseo de la zona acotada para los hoteles.
Campo típico del desierto, de 6.200 metros de longitud, con hierba suficiente en todas las zonas de juego, en este caso de variedad paspalung traída directamente de Arizona, preparada para soportar las altas temperaturas y las tormentas de arena que moldea este exigente recorrido, bien diseñado aprovechando al máximo los movimientos naturales del terrenos, con muchos cambios de ritmo para el jugador, quizás con cierto abuso de bunkers, tres lagos y algún que otro barranco que superar.
El agua es cara pero no falta en esta zona de pre-desierto sahariano, de hecho Tozeur se encuentra dentro de un gran oasis con más de 400.000 palmeras donde el agua aflora abundantemente y se optimiza gracias a canalizaciones desarrolladas ya en el siglo VIII.
Todo esta verde aunque la mejor época para encontrar el campo en óptimas condiciones se concentra en los meses de Febrero/Marzo y Octubre/Noviembre.
Dispone de una casa club grande y climatizada, en la que apetece refugiarse al término de la vuelta salvo que nos apetezca tomar el refrigerio en la jaima montada en la terraza. Buen servicio para los jugadores, con la facilidad de entenderse con los tunecinos que allí trabajan en ingles y español y green fee económico en torno a los 30 euros al cambio.
El tee del hoyo 1 desvela lo que nos vamos a encontrar durante la jornada. Tiros por encima de pequeñas lomas y bunkers protegiendo las escapadas. El 2 ya se postula para cargarse nuestra tarjeta y requiere un drive muy largo y un segundo tiro a un green muy complicado. El siguiente es un espectacular par 3 de 200 metros en el que hay que sobrevolar un pequeño cañón dejando a la izquierda un complejo de ocio con caras esculpidas en las colinas de arena, estatuas imposibles de descifrar y camellos listos para el paseo turístico. El green de este hoyo es una endiablada herradura en la que lo habitual es chipear desde una zona a otra del propio green. A partir de aquí el recorrido se suaviza con unos pares cinco asequibles hasta llegar al 9, hoyo corto con bunker en mitad de calle y colinas de arena a sobrevolar en el segundo tiro.
Aquí los valientes y pegadores tienen la opción de tirar a green como hizo el profesional Carlos Balmaceda que nos acompañaba en la vuelta.
La segunda mitad del recorrido cambia ligeramente y se vuelve mas ancha y favorable para los pegadores mientras que los pares 3, ahora de hierros cortos, obligan a una precisión exquisita ya que pueden convertirse en decisivos por lo movido de sus greenes.
A los últimos pares 4 se llega cómodamente con el drive pero son decisiones envenenadas que castigan a quienes se enfrentan a este recorrido por primera vez y caen en la irresistible tentación de atacar un green estrecho y cruzado, merito del diseñador que ha colocado estratégicamente las trampas de arena sin que el jugador llegue a percibir desde el tee su peligro.
Para acabar el plato fuerte, un buen par 5 que es el hoyo más difícil del campo, necesita de un grandísimo drive que sobrevuele un gigantesco cañón. Para los que no alcancen los 200 metros de vuelo les deja una zona mínima de seguridad por la derecha que te aleja demasiado del green y prácticamente impide llegar a él con garantías de dejar la bola cerca de bandera. Sin embargo si se superan los dos primeros y tensos golpes la propia configuración del green premia a los jugadores con un par de fácil resolución.
Viaje al Gran Sur
Para los que no jueguen al golf, o jugadores que deseen complementar su escapada con novedosas actividades, la región del Jerid, la tierra de las palmeras, en la que se encuentra Tozeur esta cargada de historia gracias a la prosperidad que propiciaron las caravanas que comerciaban con lana, seda y a la producción de datiles. Aquí se produce una gran variedad de datiles de calidad, compitiendo en cantidad con Irak que es el mayor productor, y entre ellos los llamados dedos de cristal que son, a decir de los tunecinos, los mejores del mundo.
Su original arquitectura se distingue por la utilización de ladrillos de arcilla con arena que componen relieves y colores característicos y en sus calles estrechas encontramos zocos de original artesanía que recuerda constantemente el aprovechamiento del recurso por excelencia que es la palmera.
Esta dotada, la cuidad, de una amplia oferta de cómodos hoteles bien integrados en el marco natural de la entrada a las regiones del Sahara y es punto de partida para descubrir pequeñas joyas como el Zoológico del Desierto que da cobijo a zorros, gacelas y otras especies saharianas. Los espectáculos de luz y sonido en el Planet Oasis, sobrevolar las palmeras en ultraligero, lanzarse en carro o en vela por las llanuras del mar de sal, trepar por las dunas con los todoterrenos, los buguis o los quads preparados para arenosas travesías.
Si acudimos con la familia, una de las pretensiones de este destino turístico es configurarse como opción de turismo familiar, podemos acudir al Sahara Lounge, donde los mas pequeños disfrutaran de tirolinas de distintos niveles que transcurren entre los palmerales o aprenderán a escalar mientras los padres se relajan tomando tee de piñones.
Merece la pena desplazarse una treintena de kilómetros por los caminos de arena, y superar la incomodidad de la llamada “chapa ondulada”, el viento orada transversalmente los caminos dibujando ondulaciones que se asemejan a los antiguos tejados de Uralita, soportadas a duras penas por las suspensiones de los todoterreno; caminos que nos llevan a los inmensos mares de sal para después y durante otra media hora de camino ir cresteando las elevadas dunas y lanzarse cuesta abajo en los puntos de mayor inclinación, igual que hacen los pilotos de los grandes rallyes del desierto, con sensaciones entre emoción y vértigo que difícilmente pueden alcanzarse en otros entornos naturales.
Llegamos entonces a la zona de las grandes dunas y conviene que sea al atardecer para presenciar la maravillosa puesta de sol y ver como simultáneamente cientos de antorchas van iluminando la noche en torno al decorado que utilizó Goerge Lucas para rodar varios de los episodios de la Guerra de Las galaxias. Tatooine, el poblado en el que el joven Anakin Skywalker vivía como esclavo con su madre, esta intacto y completo, y su interior se convierte en un irrepetible paseo justo por donde circulaban las más extrañas criaturas galácticas.
A pocos metros y siempre siguiendo la estela de las antorchas alcanzamos un campamento para cenar a la luz de las estrellas que brillan impresionantes en un cielo libre de toda contaminación , cobijados bajo la protección de las tradicionales jaimas degustando el cordero, cocido en barro, mientras escuchamos la típica música que acompaña a las exuberantes danzarinas.
Antes del regreso resulta imprescindible la visita a los palmerales en el corazón del oasis donde se sirven todo tipo de delicias naturales, con el datil como base de todos los platos. Es una lección magistral sobre aprovechamiento de la palmera que envuelve la vida de los habitantes de la región y sus trabajos artesanales.
No demasiado lejos, en los zocos, encontraremos desde los famosos tapices de Kairouan y de Gabes, a las baratijas habituales, pasando por las vasijas de barro y cerámicas de Nabeul, los objetos de cobre tallado sin olvidar las joyas tradicionales en oro de estilo berebere. Es en estos mercadillos donde nos envolverán los aromas a especias y a cuero y disfrutaremos con el colorido de puestos bien aprovisionados que se mezclan con lonjas y anticuarios.
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