Radisson Blu Hotel Madrid Prado, un edificio de 4 plantas donde se reparten 48 habitaciones y 6 suites, está situado en el corazón de la ciudad, en el barrio más apasionante y vivo de la capital. A dos pasos los principales centros de arte del país –los museos del Prado, Reina Sofía y Thyssen– próximo a los nudos de conexión más importantes (Estación de Atocha-AVE y a escasos 25 minutos del aeropuerto); muy cerca de las dos zonas deEl Radisson Blu Hotel Madrid Prado se sitúa en un elegante edificio de viviendas de principios del siglo XX.
A diferencia de la línea seguida en las principales capitales de Europa, Asia y África, Radisson Blu ha concebido el Madrid Prado como una nueva clase de ‘resort urbano’. Un pequeño hotel cuya idea es ofrecer a quien lo visite algo más que un lugar donde dormir, en una ubicación impecable, donde el diseño no juega un papel protagonista sino que se convierte en un aliado para crear un ambiente cálido y confortable.
El servicio es hoy el gran valor de Radisson Blu. El equipo que forma el Madrid Prado es joven, motivado y sobre todo, con una gran cualifiación y formado en la filosofía ‘Yes, I Can!’ que identifica a la cadena en todo el mundo. Casi cuarenta profesionales para dar servicio a un hotel de 54 habitaciones. Una proporción que muestra la importancia que esta cadena presta a cada detalle y el nivel de trato que se quiera dar a cada visitante.
‘Se trata más de un bienestar sigiloso –un goteo constante– que de un exceso de lujo.
“Nuestro objetivo es revisar el concepto de un cuatro estrellas huyendo de las tradicionales y superfluas apuestas por el ‘diseño espectáculo’ y el servicio desenfadado. Lo importante es concentrarnos en lo que realmente hace que un hotel funcione: la comodidad y un servicio altamente cualificado”, afirma Ferrán Brufau, director general de Radisson Blu Madrid Prado.
Reconstruido en su interior por las diseñadoras Sandra Tarruella e Isabel López entre 2007 y 2009, Dúo de creadoras que han sido premiadas con el Premio Travel + Leisure al mejor diseño, el Condé Nast Johansens al mejor hotel de Europa, en el exterior, permanece la elegante fachada original. Impoluta, tras haber sido limpiada cuidando hasta los detalles decorativos más pequeños. Este noble edificio mantiene intactos los encantos entrañables de la arquitectura madrileña burguesa, con sus líneas sencillas, sus balcones, su entrada de carruajes y su dimensión humana.
El interior del hotel es pulcro, sutil y contemporáneo, pero también muy cómodo y cálido.
En las 6 suites, con unas envidiables vistas al Museo y el Paseo del Prado, la nobleza de lo materiales utilizados, el refinamiento de cada detalle... crean una atmósfera de lujo y cordialidad. Un espacio para relajarse o para organizar pequeños almuerzos o reuniones. Es aquí donde la presencia del maestro Arne Jacobsen se hace notar. El hotel está preparado para acoger reuniones de hasta un total de 30 personas. Tres salas de actos modulables que se pueden unir o dividir en función de las necesidades, equipadas con la tecnología necesaria para llevar a cabo presentaciones sorprendentes. The Cask Lounge & Bar, contiguo a las salas, permite a los participantes relajarse entre reunión y reunión o unirse a ellas para crear un único espacio de casi 90 metros cuadrados.
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