Cuidado con las estadísticas. Es una advertencia bienintencionada para quienes están difundiendo, mas bien confundiendo, sobre las posibilidades reales de Madrid como destino turístico para jugadores de golf. Últimamente se producen titulares tan optimistas como “Madrid, un paraíso para el golf” que seguramente delatan mas un buen deseo que la cruda realidad. Es cierto que la Comunidad de Madrid quiere retomar una antigua aspiración consistente ofertar a los visitantes a nuestra comunidad la posibilidad de jugar al golf, como una alternativa mas a la extraordinaria oferta que presenta la capital, tanto en lo que a ocio como a cultura se refiere. Loable aspiración, de interés común, por la innegable calidad del turista jugador de golf que, como todos sabemos, suele gastar tres veces más que el turista convencional.
Pero, en este caso, no hablamos de este tipo de turismo. Nos referimos al mejor aprovechamiento de la presencia de los miles de visitantes que recibe a diario la ciudad como el gran enclave industrial y de negocios que es. Muchos de ellos, la necesidad ya esta sobradamente chequeada, quieren jugar al golf y las posibilidades son mínimas por no decir nulas.
Se podría alargar y rentabilizar la estancia de parte de estos visitantes: negocios, convenciones, ferias internacionales… y por que no de turistas, si en el imaginario de los jugadores fuéramos capaces de fijar un campo emblemático.
Los españoles y ciudadanos del mundo se mueren por pisar las calles de Saint Andrews, del Blue Monster o de Augusta, lo que no podemos pretender, con todos los respetos y que nadie saque conclusiones equivocadas, es que haya algún jugador de golf, americano, europeo o japonés que piense en Las Rejas, La Hinojosa o el Centro Nacional como visita obligada en su agenda de golf, o modifique su itinerario y su plan de trabajo para dar bolas en Golf Park, El Canal, el Palacio del Negralejo o el Centro de Tecnificación que son las únicas instalaciones de uso público disponibles en Madrid y sus alrededores.
El resto de campos son privados y de difícil o imposible acceso. Si bien es cierto que hay varios proyectos en marcha, que estarán a pleno rendimiento a medio plazo, como los campos de Alcalá de Henares y Algete, apenas podrán absorber la demanda actual, recordar que Madrid tiene cerca de 100.000 licencias, más la que se genere en sus zonas de influencia.
Es decir, Madrid no es la tercera comunidad de España en oferta de golf, digan lo que digan las estadísticas. Pero Madrid sí es la única ciudad del mundo que tiene dentro de su perímetro varios campos de golf, privados, como La Moraleja, Puerta de Hierro, El Club de Campo, La Hípica, y algún que otro público, como el Centro Nacional o La Hinojosa, estos con tanta carga de jugadores que resulta imposible encontrar hueco para jugar o, precisamente debido a esa saturación, que su presentación sea exportable.
Para conseguir este positivo y licito objetivo, por el que apostamos y al que nos sumamos, hace falta mucha paciencia y la inversión necesaria que pasa por construir muchas y muy buenas, instalaciones que generen: primero el reconocimiento como campo emblemático, después el deseo del jugador y finalmente la posibilidad de jugarlo.
Estamos seguros, Valderrama o Finca El Cortesín son el ejemplo, de que si excelentes recorridos como Puerta de Hierro, o el Old Course de La Moraleja si el mantenimiento y la presentación fueran adecuados, o la Hípica, este sí de impecable presentación, hicieran una campaña mundial enseñando “su producto” todo estaría resuelto, pero eso es, a día de hoy, inviable, son instalaciones privadas.
Posiblemente la construcción de un campo de Ryder o el recorrido de Olazábal de la Federación Madrileña sean los llamados a solucionar esta elitista demanda de golf, que debe coordinarse con hoteles de lujo y centros de negocio, para que Madrid sea cada vez mas reconocida internacionalmente y el golf convertirse en un nuevo elemento que sumar a la extraordinaria oferta de la capital.
Pepe Martínez, editor
| Comentarios |
|









